Información Política

Artículo crítico de René Delgado sobre Enrique Peña

Posted in SUCESIÓN by Asesor Político on septiembre 19, 2009

SOBREAVISO / Peña y despeñadero del PRI

René Delgado

(19 septiembre 2009).- En el tablero del partido tricolor, la luz de alerta comienza a titilar. El aroma del poder perfuma los pasillos y las oficinas de ese edificio político, pero el hombre más aventajado para abanderarlos en la competencia presidencial 2012 no acaba de cuajar del todo.

Ciertamente, Enrique Peña supo colocarse en el ánimo de la opinión pública a través de la pertinaz presencia en la televisión pero, ahora, no advierte la conveniencia de guardarse y trabajar en corto su consolidación política.

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El ejército de asesores mediáticos no cesa de hablarle a Peña de las bondades de la exposición en medios, pero nadie le advierte de los peligros o las maldades de la sobreexposición.

Sin nervios pero sin soltar el script, el mexiquense responde a las preguntas de Lucerito; pero pierde el estilo por completo cuando alguna damnificada lo encara sin piedad. Nadie cree, desde luego, que Lucerito sea Bárbara Walters ni que Peña sea Winston Churchill en esos spots, pero nadie desconoce que sin script el gobernador es un náufrago sin salvavidas. Y lo peor, tal parece que la televisora que tanto lo promueve comienza a regatearle su apoyo o, si se quiere, a exigirle una recompensa mayor.

Si bien todo político algo tiene de actor, no todo actor llega a ser político. Y Peña no acaba de entender su rol: ni se consolida como gran actor, ni representa a un político de talla.

Aun cuando en los spots sobre su informe de gobierno pretendió aparecer como estadista, queda como un orador con dificultades para leer el discurso en las pantallas de cristal. Lee de corrido y sin tropiezos, pero no consigue imprimirle vehemencia ni fuerza a sus palabras y, entonces, aun cuando desde la tribuna del estado de México habla del Estado mexicano, no acaba de convencer con el discurso.

Las clases de actuación lo presentan como una promesa del firmamento del elenco varonil de las telenovelas, pero no como un político con la posibilidad de crecer e internarse en el bosque hasta llegar a Los Pinos.
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Inquieta eso, pero también las sombras que cobijan y amenazan al gobernador.

La sombra de Arturo Montiel no acaba de desvanecerse y, en cualquier momento, podría convertirse en el fantasma que arrastre de los pies a su ahijado. Ese expediente no está cerrado del todo en la Procuraduría General de la República y, conforme apriete la competencia por la sucesión, sin duda no faltara quien proponga resucitar la investigación que inexorablemente terminaría por alcanzar a Peña.

Otra sombra es la de Carlos Salinas. Siempre es bueno que Peña cuente con el cobijo del ex mandatario, pero esa sombra comienza a avasallarlo y eso no es del todo bueno. Y, desde luego, está la sombra de los herederos de Carlos Hank, que, más que resguardar, oscurecen la figura de Peña.

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Esas sombras inquietan a quienes se están tomando en serio la posibilidad de que el PRI regrese a ocupar la residencia oficial de Los Pinos, pero más los altera la cantidad de compromisos que Enrique Peña ha adquirido sin, ni siquiera, tener asegurada la candidatura presidencial.

Demasiadas ataduras le dejan las alianzas hechas por Peña con Elba Esther Gordillo, con el Partido Verde, con varios de los gobernadores a los que ayudó y, desde luego, con la televisora que así como lo cuida y mima está dejando ver que en cualquier momento puede darle la espalda, dejarlo a la intemperie o exigirle algo más que el pago por tanto infomercial transmitido a su favor.

Todavía ni precandidato es, y esos compromisos reducen desde ahora su margen de maniobra. Por lo pronto, suena imposible escuchar de boca del gobernador que, de lograr la candidatura, llegará sin compromisos siendo que ya carga un enorme costal.

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Otro punto es el relativo a la vida privada, íntima y hasta sentimental de Enrique Peña.

En el afán de estar permanentemente en la pantalla y la portada, el mexiquense ha sobreexpuesto ese capítulo de su vida. Cumpleaños, reuniones sociales, fiestas y hasta funerales se han convertido en motivo de crónicas y comentarios, pero borrar la frontera de la vida pública y la privada siempre supone un riesgo que, en materia política, por lo general se traduce en un peligro.

A Peña se le conoce como padre, novio, enamorado pero, hasta ahora, nadie lo recuerda o tiene presente por algún pronunciamiento político, por alguna idea de fondo o, al menos, por una frase política ocurrente o singular.

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En el fondo de las preocupaciones que genera Peña está el temor tricolor de perder la oportunidad de regresar a Los Pinos, por apostarle todo a una figura que no acaba de cobrar cuerpo. De ser político, no de figurar como tal.

Saben que construir una imagen a partir fundamentalmente de la mercadotecnia, sin el revestimiento de un proyecto político, puede terminar por generar una simple ilusión. Obviamente, reconocen que mantener de fijo al gobernador en la vitrina con el brillo y el peso de las luces, les permite trabajar sin presiones ni grandes riesgos en la trastienda del partido para, en caso dado y más oportunamente, proyectar a algún otro cuadro a la candidatura presidencial.

Reconocen eso como también que los grupos e intereses que, desde hoy, impulsan a Enrique Peña al estrellato político pueden terminar por secuestrarle al partido tricolor la decisión de determinar, por sí, quién debe de abanderarlos en el 2012 y, absurdamente, imponerles un candidato que no lo sientan como suyo ni los represente.

Tienen presente la experiencia del PAN en el 2000. El partido no escogió a Vicente Fox para abanderarlos, Fox escogió al PAN para postularse.

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Dentro del PRI saben que no pueden repetir la experiencia que los resucitó en 2003 y los sepultó en el 2006. La repetición sonaría a estertor. Aquella vez el aroma del poder los unificó, y el olor los dividió. Aquella vez la posibilidad los acercó, y la probabilidad los separó. De la unión pasaron a la fractura, y de la fractura a la derrota.

Hoy, el peso de la figura de Enrique Peña ha hecho replegarse a los cuadros tricolores que, con aspiraciones semejantes, no quieren jugar en falso. Esos otros aspirantes saben también que, para ellos, el tren del 2012 es el último. Después no hay más corridas.

Es claro que con Enrique Peña, la apuesta del PRI es muy elevada. Pero en una apuesta se gana o se pierde. Será interesante ver qué hará el tricolor con ese actor que no acaba de consolidarse como político. Tiene tiempo, pero no mucho.

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