Información Política

Crónica del IV informe de EPN, Sol de México

Posted in Uncategorized by Asesor Político on septiembre 15, 2009

Llama Peña Nieto a cerrar la brecha entre los mexicanos

Organización Editorial Mexicana

6 de septiembre de 2009

 

 

Miguel Reyes / Enviado El Sol de México

Toluca, Méx.- Ágil, fresco, sin huella de largas horas de profunda cavilación, Enrique Peña Nieto -visionario- clamó:

“Hoy más que nunca, el Estado mexicano debe asumir su responsabilidad en la rectoría del desarrollo nacional. El Estado debe asumir su liderazgo en el desarrollo integral. El que aminore las distancias entre los segmentos sociales. El que contribuya a desterrar las diferencias entre regiones. El que integre al país en un solo rumbo para que México funcione a un mismo ritmo.

“Para eso son las políticas públicas, recomendó. Para encauzar los esfuerzos individuales hacia objetivos sociales compartidos. Para crecer como país y cerrar las brechas entre los mexicanos”.

Crecía la intensidad de su discurso. Enrique Peña Nieto abarcaba un horizonte cada vez más ancho. Transpiraba. Casi tenía la boca seca cuando exigió:

“No debemos minimizar ni mucho menos ignorar el fenómeno de la pobreza. ¡Éste es el gran rezago de nuestra historia! Para ser un país desarrollado -diagnosticó- debemos resolver las condiciones de pobreza en que vive la mitad de nuestra población. ¡Ésta es la gran Revolución! ¡La gran deuda pendiente!”

Echó la vista hacia el pasado. Lo hizo presente:

“Los momentos más trascendentes del país han estado marcados por la lucha contra la desigualdad. Aprendamos de las lecciones del pasado. Finquemos la paz y la estabilidad de México en verdaderas condiciones de justicia y solidaridad.

“Dentro de un año habremos de celebrar el Bicentenario del inicio de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Dos siglos han integrado a varias generaciones de mexicanos en un solo propósito: Ser una nación independiente, justa e igualitaria.

“Estas conmemoraciones nos llevan a valorar lo que hemos logrado. A reflexionar sobre lo que aún queda por resolver. Es tiempo de que contemos con un gran objetivo compartido. Con una visión del país que nos convoque a todos y evite la polarización social: Nadie hará por nosotros lo que nosotros no seamos capaces de hacer”.

Vibraba el Teatro Morelos. Escenario de instantes inolvidables, históricos. En el centro del vasto escenario -sólo, único, a la vista de todos- Enrique Peña Nieto machacaba. Ya es tiempo. Estamos a tiempo. Éste es el tiempo. Tiempo”.

Porque:

A las diez y diez de ayer mientras cruzaba la inmensa -impresionante- Plaza de los Mártires dijo a este reportero:

“Día de tiempo. Del que ya se fue. Y del tiempo que vendrá. Tiempo. Último tercio de mi tiempo. Quiero enfrentarlo con decisión, con visión, con recursos…

“Tiempo de crear condiciones”, terció el amable Fernando Gómez Mont que iba a paso de Peña Nieto. De gobernador. Representante del Presidente. Bien humorado, cortés, el abogado -hijo de brillantísimo abogado- cedió e invitó:

“Dejémosle todo el espacio al gobernador. Mira Reyes Razo es su gran día. Su fiesta”.

Quiso Gómez Mont aprovechar esa distancia para prender un cigarrillo. Le urgía una buena bocanada de nicotina al secretario de Gobernación. Su prisa lo traicionó. El tubo de tabaco escapó de sus manos, por allá fue a dar. Se quedó con las ganas. Ya estaba de nueva cuenta a su lado el exultante gobernador.

Ya salían del Congreso. Entre ellos estaba la realidad. La tejían. Ellos, Peña Nieto y Gómez Mont estaban en la verdad. La desmenuzaban. La sopesaban. La enriquecían. La equilibraban. Los diputados estrenaban legislatura -LVII-. Discurseaban. Peroraban. Frente a todos, hombro con hombro, boca a oído, ambos se acercaban. Y ponían distancia. Tiempo para sorbo de agua. Trago de café. Peña Nieto y Gómez Mont. En la negociación. A fuerza de palabras. Peña Nieto en diagonal. Como hacia abajo. Gómez Mont hace un taco con la palma de su mano. Así casi la cubre. Pero Enrique Peña Nieto sabe bien escuchar. Ahí están.

Y Enrique Peña Nieto en el Teatro Morelos frente a líderes de su partido arenga:

“La mejor forma de celebrar nuestra Independencia y nuestra Revolución es lograr un gran acuerdo para la transformación nacional. México requiere movilizar a la sociedad y aprovechar sus fortalezas para convertirse en la potencia mundial que merece ser.

“Esta aspiración es totalmente alcanzable. Dejemos atrás los complejos nacionales; el trauma de nuestra historia. Seamos todos parte de este gran proyecto.

“Es necesario tomar en cuenta a las diversas voces de la sociedad. Hay que ir con la gente, escucharla. Utilizar todos los instrumentos y recursos a nuestro alcance para saber qué piensa y cuáles son sus exigencias.

De otro tiempo:

“Hay que ir a la calle. Escuchar a la gente. Vaya al mercado Alfonsito. Súbase a los camiones”, me decía Don Gustavo Díaz Ordaz. Él era senador. Yo diputado- contó un día Alfonso Martínez Domínguez.

De éste. De ayer en Toluca:

“Es tiempo de que la política sirva para impulsar la agenda de la sociedad, no para que los políticos le impongan su agenda a la gente.

“Hoy, México requiere de congruencia. No se puede convocar a la unidad de propósitos y al mismo tiempo actuar con consignas electorales o intereses de corto plazo, con alianzas que sólo denotan ambición por el poder.

“Los consensos que requiere el país ameritan integridad y respeto: En la auténtica política -sentenció solemne el gobernador Peña Nieto- no hay espacio ni para las simulaciones ni para los dobles discursos”.

* Noches en vela. Borradores. proyectos. Poesía y esperanza

En el Teatro Morelos se aplaudía casi cada palabra de Peña Nieto. Se saludaban con ovaciones sus redondos párrafos. Sus bien dichos periodos. El conjunto de las cláusulas que había pulido casi hasta el amanecer.

Lo había vivido intensamente. Visto y revisado infinidad de veces. Cauto comprobaba juicios y lectura. Y en su interior decía: ¡Qué buena nota!´Tal David López.

Discreto el brillante Carlos Almada. Joven que nunca calló sus sinceros juicios. 

“¿Cómo me ves para gobernar el Estado de México, Carlos? Le preguntó un día de 1980 el ambicioso Alfredo del Mazo González.

“La verdad, no te veo. Están otros políticos más fogueados que tú, Alfredo- le dijo a su estimado amigo.

“Pues yo voy a ser. Esta tarde se lo pediré al presidente López Portillo. Cuento con el apoyo de Gustavo Carvajal. Y el de Alejandro Carrillo Castro. Esta tarde…-dijo Del Mazo.

Y después de muchos jaloneos, durísimos tirones entre el Profesor Carlos Hank González y el Presidente, Del Mazo ganó. Jamás menguó su admiración hacia Carlos Almada.

Y juntos dos diplomáticos. Uno de dilatadísima carrera: 

“Serví alrededor de 47 años en la cancillería. Desde organismos internacionales, con Jesús Cabrera Muñoz Ledo, Octavio Paz, Mario Vallejo Hinojosa, hasta obtener este rango de embajador emérito. Llegué a subsecretario de Relaciones y merecía ser secretario, pero Zedilllo…- y se calla el resto de la historia Don Sergio González Gálvez.

Y era un joven que estudiaba filosofía y arquitectura. Salido de Bachilleratos. De jesuitas. Se daba tiempo para ayudar a su tío Daniel Morales Blumenkron en la conducción de la revista “Mañana”. Un semanario que salía los martes. Dirección en avenida Juárez 88. Edificio Avenida. Revista “Mañana”. Jaime Torres Bodet y su “Tiempo de Arena”. Y Salvador Novo con sus “Cartas a un amigo”. Y Carlos Arruza. En realidad, Carlos Ruiz Camino. Y luego ese joven se decidió por las Ciencias Políticas. Y alcanzó la Secretaría General de la UNAM al lado del rector Javier Barros Sierra. Dicen que no quiso ser rector de la Universidad. Secretario de Comercio, Educación, Relaciones Exteriores. “¡Nada de escribir mis memorias -protesta Fernando Solana Morales- Tengo mi agenda muy apretada. Trabajo mucho”.

Fernando Solana y Sergio González Gálvez acuden maravillados a este instante de Enrique Peña Nieto. Aplauden. Aplauden. Vuelven a aplaudir.

“Ya no es como antes -decía muy de mañana David Garay Maldonado. Antes esta Plaza de los Mártires estaba llena de muchedumbres, mantas y gritos. Porras y cohetes. Los “chimecos” llegaban atestados. Muchos no alcanzaban la ceremonia y se quedaban a echar taco en La Marquesa. 

“Ya no es como antes”, repitió el comisionado de la Agencia de Seguridad Estatal. Y su vista se aguzaba hasta más allá de lo creíble. Como si quisiera perforar las paredes de la Catedral, del edificio del Congreso. Hurgar en los bolsillos e intenciones del último vagabundo. Por la vasta plaza pasaban unos cuantos. Ya se alistaban los cadetes del Colegio de la Policía. Los supervisaba una joven mujer: “Soy Rocío Alonso Ríos. Profesionalizo al cuerpo”, dijo. Que nadie la mire feo ¿eh?

Carlos Eduardo Camacho atento a los gestos del comisionado.

* Peña Nieto, exitosísmo gobernador; lujo del priísmo: Manlio

Veló mucho Enrique Peña Nieto para venir a decir:

“En el Estado de México estamos con la República. Aquí apoyaremos toda iniciativa que contribuya a la verdadera transformación del país. Respaldaremos todo esfuerzo para elevar la calidad de vida de los mexicanos. 

Repasó sucesos y resultados del 5 de julio anterior. Recordó sus horas -temprano- en el Congreso. Atendió sus quejas. Escuchó sus planteamientos. Los diputados -en su mayoría- dijeron su intención de dialogar y dar con soluciones a los candentes problemas del país. 

De su ronco pecho sus pesares. Inconformidades. Advertencias. Condiciones. Y el moderado reconocimiento que de su trabajo hizo el priísta Ernesto Javier Nemer Álvarez. Alguien halló en su discurso ecos del que pronunció John F. Kennedy al asumir la Presidencia de Estados Unidos en enero de 1961. Fue muy felicitado. 

Desde el escenario del Teatro Morelos, Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México, dice:

“Concluido el proceso electoral, unamos esfuerzos para seguir haciendo realidad las expectativas y anhelos de los mexiquenses”.

Estaba frente a sus hijos. Saludó cordial a su familia. Sin giros ni trampas que la pusieran en el ojo del aplauso. Reconoció a sus pares gobernadores. Mario Marín, Natividad González Parás, José Reyes Baeza, Fidel Herrera Beltrán, Eugenio Hernández, Fernando Toranzo Fernández -que aguarda San Luis Potosí-, José Calzada Rovirosa -en el umbral del Palacio de la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez en Querétaro- Jorge Carlos Hurtado Valdez. Y ¡ah! El jovencísimo Rodrigo Medina del mero Nuevo León.

Y estaban exgobernadores. Los del Estado de México. Don Rafael Rodríguez Barrera. Miguel Alemán Velasco. Luis Martínez Villicaña. Tan delgado, tan consumido, que le dijo a Don Carlos Hank Rohn:

“Me estoy levantando. Apenas si sobrevivo. ¿Sabes? Me pasó”.

Y Luis Martínez Villicaña se puso a contar sus males. Ojalá sane.

Y en destacadísimo lugar: Beatriz Paredes Rangel y Francisco Rojas. Y Manlio Fabio Beltrones. Y Emilio Gamboa Patrón. Y el Premio Nobel Mario Molina Pasquel. Sí, el hermano del talentoso abogado Roberto. Enrique Peña Nieto hizo recuento de obras. Tangibles. Y otras. Tuvo tiempo para la ensoñación y la imaginación. Fue cuando dijo:

“Estoy convencido de que el Gobierno debe estar ahí, al lado de la gente. Siempre con la gente. Especialmente en los tiempos difíciles: Cuando hay enfermedad. Cuando hay desempleo. Cuando han sufrido por la violencia. 

“Ahí debe estar el apoyo solidario y eficiente del Gobierno.”

Lo transformó todo así:

“Los gobiernos no sólo deben hacer suyas las demandas y necesidades de su población. Deben también hacer suyos los sueños y las esperanzas de la gente. De sus niños y jóvenes, de sus mujeres y hombres. De sus mayores.”

Había dejado el Congreso y volvía por la inmensa Plaza de los Mártires.

“Vamos a hacer un “ajuste de tiempo” en palacio, dijo Peña Nieto a Gómez Mont.

“¿Dará tiempo?”, interpuso el abogado Gómez Mont.

Quizá el gobernador deseaba cambiarse de camisa. Algo de soledad.

* Yo confío en los mexiquenses: en su perseverancia y voluntad

Mientras tanto el cielo se ennegrecía en Toluca. La fresca y tibia mañana había huido. Mediodía y barruntos de aguacero. Los invitados al Teatro Morelos llegaban. Trío: Manlio, Emilio Gamboa, Marco Antonio Bernal.

“Pues aquí me tienes, Reyes Razo. Vengo a escuchar el Cuarto Informe del exitosisímo gobernador Enrique Peña Nieto. Orgullo de nuestro priísmo”.

“¿Qué opina del momento nacional, senador?”

“En esta hora de grandes retos nacionales veo más voluntarismo que voluntad, respondió. Me preocupa que las propuestas de cambios vengan acompañadas de iniciativas concretas. Para saber de qué tamaño es la profundidad de éstas.

“Hace tiempo que el Ejecutivo dejó de dialogar con el Legislativo. Desde el que tocó a Vicente Fox. Él no sabía cómo opera el Congreso. Felipe Calderón sí. Y conoce el valor del diálogo”.

Y se soltó el aguacero. El gentío que -desde las barreras metálicas- veía pasar a apresurados en traje dominguero, huyó.

Mas en el Teatro Morelos -a toda capacidad- Enrique Peña Nieto cerraba su discurso con un bien pronunciado: Yo confío…Yo confío…Yo confío…Ecos de Martín Luther King. Eterna voz de la esperanza. Peña Nieto en Toluca ayer:

“Yo confío en los mexiquenses. Yo confío en su perseverancia y voluntad. Yo confío en su inagotable capacidad para ser mejores”.

Abrió los brazos. Abarcó a todos. Le salió de su más íntima fibra el grito, el viva el Estado de México 

Luis Videgaray Caso en micrófonos:

“He vivido todos los informes del gobernador Peña Nieto. Cada vez mejor. Hoy en auténtico estadista.

“Don Jesús Kumate, Valentín Diez Morodo, Claudio X. González, Silverio Cavazos y Mario Anguiano, de Colima, Roberto Madrazo”.

“Y de todo esto tomó nota puntual el reportero Rafael Vilchis Gil de Arévalo. Sí, el director de El Sol de Toluca.

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